viernes 26 de febrero de 2010

Un minuto para vivir, un minuto para morir

Hoy fui a México otra vez al Instituto Nacional de Nutrición. Igual que la vez pasada fueron horas de espera en la pintoresca sala (esta vez nos pasaron a consulta más tarde, de hecho) y, a pesar de que ahora sí me llevé un libro, la burocracia y el aburrimiento no se vieron dramáticamente alterados.
Lo único positivo de la situación es que ese lugar es tan ridículamente tedioso que tiene mucho material con increíble potencial de convertirse un una crónica humorística que amerite al menos uno o dos comments en el blog. Así que ya estaba dispuesta a eso e ingeniosamente se tejían las palabras en mi cerebro dándole forma a ‘Burocracia, su lechuguita 2’, que más bien se iba a llamar ‘Paper or plastic?’ y se iba a burlar del carnet de consultas. El triste carnet se trata de una cartulina doblada que de permanente no tiene nada, y yo pensé que si eso era el carnet oficial deberían de hacerlo de a perdis de plastiquito.
Sin embargo, ¿Cómo iba yo a saber que la consulta iba a tener material mucho más relevante? En realidad no fue una consulta consulta, se trataba simplemente de una especie de entrevista para redactar toda mi historia clínica. El doctor es… particular… Hoy me enteré, por ejemplo, que su tatarabuelo poblano fue dueño de las Islas Galápagos después de tener que huir a Ecuador. Ecuador es un país pequeño en Sudamérica.
Sí, ya sé, yo tampoco necesitaba que me explicara lo que era Ecuador.
…Tampoco sé porqué es relevante saber que las Islas Galápago fueron propiedad de su familia o que son dueños de una casa en París… Pero el doctor es particular de ese modo… chistoso, sí… y humilde. Admiro tanta humildad en un profesionista de ese tamaño. Además tenemos muchas cosas en común, él también estudió con jesuitas. Pero no estoy muy segura qué le hicieron los jesuitas al pobre porque no le caen muy bien. Creo que por lo rebeldes; yo siempre había pensado que los Jesuitas eran cool por rebeldes pero bueno.
El punto es que a la hora de hacer mi historia clínica le dijimos que me había dado un paro. Nos preguntó si sabíamos cuánto tiempo trabajaron los doctores en las maniobras de resucitación.
- Sí, 23 minutos.
Una cara de profunda sorpresa y:
– Déjame decirte que estoy viendo un milagro. Eres un milagro. De verdad, eres un milagro. Tú te quedaste aquí porque tienes que hacer algo… tú te quedaste aquí por algo…
Procedió a recitarnos la oración de San Ignacio y contarnos que nunca la había entendido, hasta hoy, que veía ese milagro. No nos lo dijo en estas exactas palabras pero lo que pensó fue: deberías estar muerta. Y me hizo dar una regresión a los días en el hospital en que pensaba: imagínate que los doctores se hubieran detenido un minuto antes. “Trabajamos por 22 minutos pero no pudimos salvarla”. Nadie hubiera dicho nada, de hecho, no hubieran hecho nada mal…un minuto y no estaría aquí. Y eternamente agradeceré, con toda mi alma, que los doctores se sintieron motivados a intentarlo un minuto más. Agradecer no es exactamente la palabra adecuada, es más como un hoyo pesadísimo en el estómago, más parecido al miedo, pero utilizo esa por falta de una mejor palabra.
Sé que para ustedes no está tan cercano pero hagan este ejercicio, a ver si les sale. Imagínense que se mueren. Imagínenselo. Que ya no existen. Ya no están. Imagínenselo. ¿Cómo es? ¿Es negro, blanco? ¿Dónde están? ¿Qué se siente? ¿Se siente?
Si más o menos se lo pudieron imaginar entonces me pueden entender porqué digo que uno debe hacer lo que a uno se le venga en gana. Porque cuando piensas que un minuto es lo que hace la diferencia entre ser o no ser, un minuto determinado por personas totalmente ajenas que tal vez tienen tiempo de tardarse, o tal vez deciden quedarse con los 20 minutos promedio, te sale un ímpetu extraordinario por agarrarte muy fuerte de donde puedas, hasta del aire para quedarte en la vida. Una necesidad de sentir, de saber, de saborear y de aferrarte para siempre, aferrarte tan fuerte que casi sea obsceno a un minuto como si tu vida dependiera de ello, porque la realidad, es que tu vida depende de ello…

7 comentarios:

  1. Gracias, guëra por este texto aunque duela. Es una reflexión desgarradora por lo que implica en lo general para todo ser humano, pero especialmente para mí como tu papá que ha estado junto a tí en este proceso tan difícil. Creo que seguir escribiendo todos tus hallazgos reflexivos te va a ayudar a asimilar y superar con mayor madurez este momento y creo firmemente, cada día más, que vas a tener una vida luminosa y larga porque como te dijo el doctor: "Para algo estás aquí" y lo vas a ir cumpliendo.
    Besos estremecidos.

    ResponderSuprimir
  2. "Deberías estar muerta"... Mariana: es la primera vez que esta expresión me parece el mejor halago que alguien puede recibir. Traté de imaginarme estar muerta y no pude, creo que porque no me lo creo, pero la facilidad con la que tú lo puedes sentir es una forma de ser agraciado, pues constituye un inmediato "cable a Tierra", una cuerda mágica y fantástica que le da un auténtico valor a tu vida con un tironsito. Siempre decimos eso de "valorar la vida", pero se me hace que como no tenemos la capacidad de -auténticamente- sentirnos muertos, nomás es de dientes para fuera. Gracias por estar viva.

    ResponderSuprimir
  3. Leí en tu blog gringo que eres fan de la gramática. Como sabes, me too!, por eso tengo la generosidad en compartirte mi infinita sabiduría para que no la vuelvas a cagar (se vale decir "cagar" pues es hipócrita usar eufemismos cuando es tan claro el contexto del texto): cuando escribes "porqué" (junto y con acento), estás empleando esta palabra como un SUSTANTIVO, y por eso admite que le pongas un artículo: "el porqué", un adjetivo: "el gran porqué" y que hasta la pluralises: "los porqués", así que cuando dices: "me pueden entender porqué digo que uno debe hacer lo que se le hinche" (jo, me permito parafrasearte... no citarte) debes escribir la palabra separada y con acento, pues la estás usando a modo de pregunta, es decir, como un ADVERBIO del verbo que pones a continuación, no como sustantivo. ¿Has notado que los ADVERBIOS vienen siendo los ADJETIVOS de los VERBOS? Esto es francamente fascinante.

    ResponderSuprimir
  4. Vero:
    Primero: gracias por tus comentarios, en verdad eso de imaginarse muerto no se puede hacer a menos que la tengas cerca, gracias por intentarlo.

    Segundo: al parafrasear mi texto, estás en verdad citando mis pensamientos jaja, no dije "hinche" porque creo que en un texto es mejor escribir de un modo más "propio".

    Tercero: tomaré en cuenta tu corrección. Ese es "el porqué" digo que soy fan, pero no experta. :)

    ¡Saludos!

    ResponderSuprimir
  5. Mariana:
    Te escribo para decirte que me alegro muchísimo de tu recuperación y que hoy que a recomendación de tu papá me metí a tu blog me encantó leerte: escribes con mucha frescura y mucha autenticidad. Me gustó mucho tu descripción de la consulta en el IN de Nutrición. Te mando un abrazo cariñoso:
    Rosa Alicia Esténs (Tijuana)

    ResponderSuprimir
  6. Mariana, soy la tia Lupe, mamà de lorena no te hemos ido a ver ni hablado por telefono por nuestras actividades y por las de uds no sabemos como son sus horarios pero no dejamos de orar dando gracias mil al Sr de la misericordia diariamente porque estas aquì y por tu recuperaciòn, porque tienes la fortaleza de seguir en esta lucha venciendo como las grandes, pero tambien agradeciendo el don maravilloso que tienes para comunicar tus sentimientos y todo lo que piensas, sientes y vives, gracias chiquita hermosa por regalarnos este blog el cual puedo disfrutar, y siempre le preguntamos a tu abuela conchita como vas estamos contigo a diario eres genial un beso !!!

    ResponderSuprimir
  7. Mariana me conmovió mucho tu texto, me hiciste recordar cuan importante es el valor de agradecer, de merecer estar en esta vida, todos tenemos misión en esta vida, conjuntamente de la humanidad hacia el amor, solo que te sepas amada, respetada y valorada, eres un ser de luz increíble, te queremos!!!!

    ResponderSuprimir