miércoles 16 de febrero de 2011

Somos pintura

Había una vez un hombre y había una vez una mujer. Había también una cama. La cama era el escenario de un abrazo.

El abrazo.

Fuerte, muy fuerte, irrompible.

Eterno.

No, no era eterno.

- ¿Por qué no podemos mezclarnos? - Preguntó él. Pregunta que no buscaba más respuesta que un beso.

- Porque no somos pintura – Respondió ella. Maldita su obsesión de contestar preguntas incontestables.

- Pero sí lo somos, mira.

Y ya nadie dijo nada. Porque hombre y mujer no eran sino pintura y se mezclaron hasta que las sábanas se pintaron de ellos. Llegaron el fin del mundo y el fin de los tiempos y se acabó todo lo que tenía que acabarse, excepto la cama.

Palpita, color pasión, infinita como el abrazo de los amantes.

(Que sí, sí era eterno)

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